Actualmente se han producido los hallazgos de nuevos neurotransmisores, neurohormonas, nuevas sustancias bioquímicas que producen un tipo especial de moléculas de la emoción. También la existencia de nuevos genes productores de péptidos esenciales para ciertos procesos nerviosos, el encuentro de zonas funcionales específicas determinantes de varios comportamientos, el descubrimiento de zonas de placer como el séptum productor de grandes cantidades de endorfinas, denominadas por los científicos las hormonas de la felicidad, permiten abrir nuevos caminos para la construcción de un discurso alrededor de la Neuropedagogía.
Todo lo anterior permite deducir la gran importancia que pueden tener estos descubrimientos para comprender mejor los procesos pedagógicos, de una forma diferente a como actualmente se hace. Las Neurociencias tienen un método muy riguroso (método científico), que difícilmente acepta conceptos como aprendizaje, mente, intención, espíritu, alma, y otros conceptos de carácter subjetivo. Al respecto, podríamos afirmar que para la Neurociencia solo existen procesos físicos, químicos y biológicos medibles, y todo lo relacionado con el cerebro humano debe explicarse a partir de mecanismos físico-químicos que se producen en estos procesos.
La pedagogía, por el contrario, tiene otros métodos (fenomenológicos, hermenéuticos, etc.), para abordar la complejidad humana con los campus relacionados con la enseñanza, el aprendizaje y el desarrollo humano. Por consiguiente, consideramos pertinente establecer procesos mediadores y complejos que nos permitan introducir un nuevo paradigma en construcción, denominado Neuropedagogía.
Ahora bien, se hace necesario trazar líneas divisorias entre las Neurociencia y la Neuropedagogía, debido a sus métodos y a sus objetos de estudio, pero lo anterior no significa que no podamos tejer o hilvanar relaciones entre estos dos paradigmas, para entender que los contrarios no son opuestos, si no complementarios. De lado a lado, desde las investigaciones en Neurociencias y en Pedagogía pueden adquirirse conocimientos válidos y significativos. Al respecto nadie duda, hoy en día que el hombre es un ser biológico, también un producto social y cultural.
Para la Neuropedagogía al igual que para las Neurociencias en el proceso de evolución cerebral tuvo prelación el aumento y desarrollo de los núcleos vinculados al placer, al afecto, a la lúdica (Séptum, núcleo caudado, Locus coeruleus), con respecto a los núcleos relacionados con la agresividad y la violencia. De hecho el ser humano reorientó la animalidad (cerebro reptílico), hacia actitudes constructivas como las que se refieren a la adquisición de saberes y de conocimientos, especialmente, a la convivencia social y cultural, donde los procesos Neuropedagógicos alrededor del juego son indispensables para la formación de actitudes solidarias, compasivas y axiológicas, base fundamental del desarrollo humano. Vale la pena aclarar lo que nos dice Gadamer “lo primero que debemos de tener claro es que el juego es una función elemental de la vida humana”, hasta el punto de que no se puede pensar en absoluto la cultura humana sin un componente lúdico.
En síntesis la Neurociencia tiene como objeto de estudio el cerebro, incluyendo sus variaciones o disfunciones, mientras que para la Neuropedagogía el objeto de estudio es el desarrollo humano, y en especial, el cerebro del mismo, entendido no como una computadora, sino como un órgano social que necesita del abrazo, de la recreación y del juego para su desarrollo. Por esta razón la Neuropedagogía es una ciencia naciente que ocupará a las mentes más lúcidas del tercer milenio
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